El blog de Javier García Aranda

Francia: un Estado con la legitimidad erosionada

Javier García Aranda – mayo 2020

Max Weber (1864-1920), en su obra Sociología del poder. Los tipos de dominación, señala como fuentes de legitimación del Estado: la tradición, el carisma y la racionalidad-legalidad. En este último caso,  los individuos entienden que acceder al ejercicio de la autoridad conforme a lo señalado por el ordenamiento jurídico (legalidad) confiere legitimidad para tomar decisiones y dar órdenes; la obediencia se despersonaliza: no está asociada a personas concretas, sino a instituciones políticas, que son las que garantizan que las leyes sirven para conseguir los fines adecuados (racionalidad).  

Un reciente trabajo académico invitaba a reflexionar sobre un Estado cuya legitimidad hubiera sido puesta en entredicho en la actualidad. Para ello no es necesario remitirse a estados cuasifallidos o a aquellos que, desde el eurocentrismo habitual, son despectivamente considerados repúblicas bananeras. Aquí al lado, en pleno corazón de Europa, la legitimidad del Estado francés no pasa por el momento más boyante de su historia.

Al respecto, quizás conviene recordar que, como dice Max Weber, hay que distinguir entre el ejercicio de “un poder” o el tener “influencia sobre los demás” de la legitimidad que conlleva “una mínima voluntad de obedecer, es decir, un interés -material o espiritual- en obedecer” por parte de aquellas personas sobre las que se ejerce el poder o la influencia. También es interesante tener en cuenta que, como señala Albert Batlle Rubio (2017), “La legitimidad en el sentido más fuerte del término implica no solo no intentar el derrocamiento de la autoridad, sino la obligación de obedecer las decisiones, las normas y las leyes del Estado”.

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