El blog de Javier García Aranda

Estaba el señor Don Gato…

Javier García Aranda – febrero 2019

Mis hijos e hijas son suficientemente mayores como para que las tertulias familiares puedan versar sobre temas tan variopintos como el porvenir del Estado del Bienestar, la indexación de textos en buscadores de Internet, la medición del filtrado glomerular en los análisis de orina o el alcance de los Derechos Humanos. Aunque igual de cierto es que, en ocasiones, las conversaciones suelen derivar hacia temas menos sesudos, tales como la oportunidad de disimular los pedos y regüeldos en el entorno familiar, la última novedad de la música electrónica o del maldito reguetón, la utilidad de la Roomba o la Conga en la limpieza doméstica o la forma de hacer tortilla de patatas en el microondas. Incluso hubo una ocasión irrepetible en que dejamos aparcada la charleta por dedicarnos a hacernos unos selfis en los que, como por arte de magia, aparecíamos con gorritos rojos de Papá Noel o cuernitos de ciervo. Pero lo que supone una novedad inimaginable es que una velada familiar acabe con l@s presentes ejerciendo como rapsodas o intentando hacerlo.

El asunto tiene su origen en una iniciativa de Ariadna, la menor de las criaturas, estudiante de Haur hezkuntza (Educación infantil), a quien se le ocurrió que la mejor forma de poner colofón a uno de sus trabajos académicos era hacer una versión ad hoc de una antigua canción infantil. La letra debía reflejar el contenido de un cuento que la susodicha y sus colegas habían inventado para explicar a niñ@s de tres años que en qué consistía y cómo les iba a afectar que sus respectivos padres y madres se divorciaran y, en consecuencia, vivieran en dos sitios distintos. Nada más y nada menos.  

Y así es como nos encontramos sugiriendo rimas imposibles, con la dificultad añadida de que la nueva versión debía ser en euskara, idioma en el que las dotes poéticas de la autora andan algo limitadas. ¡Menos mal que Leyre, la criatura que mejor domina la lengua que pasa por ser la más antigua del mundo, estaba realmente inspirada! Porque no es txori kaka enfrentarse al reto de hacer unos versos que encajen con la tonadilla del famoso clásico infantil Estaba el señor Don Gato…¡ y lograr una alternativa decorosa al dichoso marramamiau, miau, miau, miau! Vean el resultado. Y, si se atreven, prueben a cantarlo.

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