El blog de Javier García Aranda

Huelga en la enseñanza ¿concertada?

Javier García Aranda – enero 2019

El patio de la enseñanza concertada anda revuelto. Aunque es el sector en el que inicié tanto la andadura en el mundo laboral como la militancia sindical, desconozco los pormenores del conflicto que existe en este momento. Aunque no es difícil suponer que lo que ocurre es que las trabajadoras y trabajadores del sector aspiran, legítimamente, a mejores salarios y condiciones de trabajo. Y están dispuest@s a pelear por ello.

En cualquier servicio público, además del enfrentamiento de intereses económicos entre trabajador@s y empleador@s, los conflictos laborales siempre tienen un componente añadido: las repercusiones sobre la vida cotidiana de la ciudadanía. Además, los medios de comunicación no sólo suelen tener interés informativo por la marcha de los acontecimientos, sino que acostumbran a explotarlos como filón de suculentos debates sobre la forma en que los poderes públicos y las diversas opciones ideológicas existentes en la sociedad se posicionan al respecto. Sin olvidar, claro está, que los propietarios y las propietarias de los medios (el femenino va dedicado, sobre todo, a la Iglesia Católica y a sus órdenes religiosas o pseudoreligiosas) no son precisamente imparciales ante esos debates, en particular si se trata de la enseñanza.

Suele decirse que después de visto todo el mundo es listo. Pero la tormenta se vaticinaba. No voy a decir que la patronal del sector haya provocado el conflicto, pero un cierto lío laboral y las protestas de padres y madres cabread@s no le vienen mal para reclamar más dinero público para sus centros. Ni puede pensarse que la administración pública correspondiente (el Gobierno Vasco en el caso de la CAPV) haya estado esperando -o temiendo- esta situación para aumentar las aportaciones económicas a los centros de titularidad privada y, de esa forma, eludir por otra temporada el debate sobre el fondo de la cuestión (como se viene haciendo desde hace varias décadas). Pero tampoco se puede evitar llegar a la conclusión de que el viejo modelo de la enseñanza concertada hace agua por los cuatro costados.

Todo quisqui lleva años mirando para otro lado mientras en los centros concertados se cobran a los padres y madres cuotas por la educación que reciben sus hijos. Aportaciones teóricamente voluntarias que, a menudo, se camuflan bajo conceptos inverosímiles. Pero ha llegado el momento en que algunos de los padres y las madres a quienes se oferta la enseñanza concertada como una alternativa educativa parapública han dicho basta. Y han dejado de pagar. El asunto amenaza con llegar a mayores. No sólo porque la cantidad de quienes se niegan a pagar pueda alcanzar un nivel crítico, sino también porque, a la vista de los acontecimientos, a esta mengua de ingresos tendrán que añadir el ineludible aumento de costes de personal si no quieren que la conflictividad laboral se cronifique. Hace mucho que se acabó el tiempo en que el profesorado de estos centros lo formaban, en gran medida, sacerdotes o religios@s de bajo coste laboral que propiciaba el nacional-catolicismo entonces vigente.

Todo ello con el telón de fondo de unas aportaciones de fondos públicos que difícilmente van a poder resolver a largo plazo los problemas económicos de la mayoría de los centros concertados. Al menos en un nivel suficiente como para que a dichos centros no les empiece a resultar difícil mostrar a las familias que su opción educativa es sensiblemente mejor que la pública en una medida que compense el esfuerzo que las cuotas “voluntarias” suponen para sus economías. Lo anterior, claro está, salvo que se produzca una grave derechización política -que no hay que descartar- que lleve como estandarte el retroceso de la enseñanza pública (ya bastante depauperada por la pasada crisis económica) en favor de la enseñanza privada sustentada con dinero público.

El debate es de fondo: ¿tiene futuro la enseñanza concertada como opción netamente diferenciada de la pública y la privada? Es un debate en el que casi nadie quiere entrar. Porque nadie tiene una solución razonable e incontestable que resuelva, al mismo tiempo y de forma ecuánime, la irrenunciable igualdad de oportunidades y la manoseada libertad de los padres y madres para elegir la educación de sus hij@s. Una solución que, además, sea económicamente viable en el corto plazo (que es en el que, se mueven la mayor parte de los manipulados debates y las supuestas soluciones políticas).

Por eso, lo previsible es un nuevo parche que elimine tensiones y que evite, precisamente, el debate. Y, ahora mismo, eso pasa: por que la patronal de la enseñanza concertada llegue a acuerdos con l@s trabajador@s; por idear alguna forma de poner cierto límite a la cantidad de padres y madres que no quieren pagar las cuotas (probablemente ofreciéndoles plazas en la escuela pública de su preferencia); y, obviamente, por un aumento de las aportaciones económicas públicas (o una promesa de hacerlo: un buen elemento para las próximas campañas electorales).

En cualquier caso, el debate de fondo está ahí. Y convendría que quien honestamente esté interesado en la materia haga sus aportaciones. Hace algún tiempo hice la mía. Me temo que sigue vigente y que lo va a seguir estando in saecula saeculorum.

Acceso a ENSEÑANZA CONCERTADA vs SUBVENCIONADA

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