El blog de Javier García Aranda

Diagnósticos zarzueleros

Javier García Aranda – junio 2018

En el ejercicio de una tardía vocación musical, durante los últimos años he asistido al taller de zarzuela del programa Plus 55 del ayuntamiento de Donostia. Cada año, en la Escuela Municipal de Música y Danza, nos juntamos un grupo de aficionados y, sobre todo, aficionadas a cantar zarzuela (en esta actividad -como en casi todas- el número de mujeres es muy superior al de hombres), e interpretamos fragmentos de diversas obras. Muchas de ellas nos resultan conocidas, además de por ser una música habitual en las emisoras de radio durante nuestra niñez, porque se las hemos oído cantar a familiares nacid@s a finales del siglo XIX o en las primeras décadas del siglo XX.

Este año hemos incluido en el repertorio el Coro de doctores, una conocida pieza de la zarzuela cómica El rey que rabió (música de Ruperto Chapí y libreto de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza; a este último se le atribuye la letra del mencionado coro). De conformidad con la aplastante mayoría masculina entre quienes ejercían la medicina en aquellos años (la obra fue estrenada en 1891), la canción es interpretada solamente por los hombres del grupo, bajo la batuta de Josean García, alma mater de la Asociación Lírica “Sasibill”. Al piano, Sara Varas, directora del taller.

El vídeo está grabado en el Centro de Personas Mayores de la Fundación Zorroaga (con las limitaciones de una grabación “doméstica” y las servidumbres propias del entorno).

CORO DE DOCTORES

Independientemente de sus valores musicales, es recomendable escuchar y/o leer atentamente la letra de la canción.

 

Coro de doctores 

Juzgando por los síntomas que tiene el animal,
bien puede estar hidrófobo bien puede no lo estar.
Y afirma el gran Hipócrates que el perro en caso tal
suele ladrar muchísimo o suele no ladrar. 

Con la lengua fuera, torva la mirada,
húmedo el hocico, débiles las patas,
muy caído el rabo, las orejas gachas… 

Todos estos signos pruebas son de rabia,
pero al mismo tiempo bien pueden probar
que el perro está cansado de tanto andar.

Doctores sapientísimos que yo he estudiado bien
son en sus obras clínicas de nuestro parecer:
Fermentus virum rabicum que in corpus canis est,
mortalis sont per accidens, mortalis sont per se. 

Para hacer la prueba que es más necesaria,
agua le pusimos en una jofaina
y él se fue gruñendo sin probar el agua. 

Todos estos signos pruebas son de rabia,
pero al mismo tiempo signos son, tal vez,
de que el animalito no tiene sed.

Y de esta opinión nadie nos sacará:
¡El perro está rabioso o no lo está!

 

El enrevesado discurso de los doctores al analizar al paciente -el perro presuntamente sospechoso de haber contagiado la rabia al rey- ironiza sobre la falta de certeza que se encierra tras los diagnósticos de los médicos y las médicas (en este sector han cambiado las tornas y las mujeres llevan tiempo ganando la partida). Por cierto, las contradictorias conclusiones de la docta argumentación tienen un inquietante paralelismo con aquellas a las que solía llegar un antiguo presidente de gobierno. ¿Serían también gallegos los doctores del coro?

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