El blog de Javier García Aranda

Salbutamol

Javier García Aranda – enero 2018

Por lo general, quienes padecemos problemas respiratorios crónicos no hemos tenido más remedio que, con mayor o menor frecuencia, medicarnos con salbutamol. La forma más habitual para administrarse este broncodilatador es el famoso Ventolin (al parecer se escribe sin tilde, aunque acostumbremos a pronunciarlo acentuando la “i”). No soy un consumidor habitual de este fármaco, pero alguna vez me ha sacado de algún que otro apuro. Por ese motivo tengo repartidos varios ventolines por las diversas mochilas y riñoneras con las que ando por la vida. Cuando era más joven incluso me acostumbré a llevar un ejemplar metido en uno de los calcetines. El salbutamol es, por tanto, un viejo compañero de fatigas. ¡Nunca esta expresión se ha ajustado más a la realidad!

El prospecto del Ventolin ya indica que es una “medicación de rescate” que sirve para sacar del apuro a quien tiene asma; aunque también se prescribe como “prevención del broncoespasmo” que puede ser “inducido por el ejercicio físico” o por la exposición a algún “estímulo alergénico conocido e inevitable”(sic). Hubo un médico que sabía de mis limitaciones respiratorias y de mi simultánea afición al deporte que me recomendó administrarme un par de “chutes” un rato antes de empezar a practicarlo, aunque  también me advirtió de su efecto estimulante y de que no me pasara con la dosis. El prospecto del medicamento es claro al respecto: en el epígrafe “Uso para deportistas” señala expresamente que el salbutamolpuede producir resultado positivo en las pruebas de control de dopaje”.

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