El blog de Javier García Aranda

La Marsellesa

Javier García Aranda – noviembre 2015

No soy muy de himnos. La verdad es que apenas me emocionan. Ni tan siquiera el de Euskadi. Hay, sin embargo, algunas composiciones musicales que también podrían ser consideradas himnos -porque con ellas se ha identificado o se identifica una colectividad- que llegan a conmoverme bastante más que los oficiales.

Es el caso de: L´estaca de Lluis Llach, un himno a la colaboración intergeneracional a favor de la libertad; de Lili Marleen, que durante la Segunda Guerra Mundial fue adoptado tanto por los soldados alemanes como por los aliados; o del Gernikako Arbola de Iparraguirre, considerado por la mayoría de la ciudadanía vasca como su auténtico himno.

De los tradicionales, el único que me sugiere algo especial es el que desde el 13 de noviembre se ha escuchado profusamente: La Marsellesa. No se si es por lo marchoso de su ritmo musical, porque su inicial “Allons enfants de la Patrie” no tiene parangón, porque no soy nada posmoderno y todavía hago mío el lema “Liberté, Égalité, Fraternité” o, simplemente, porque he visto unas cuantas veces Casablanca.

Hace tiempo que me interesé por su letra. Y por su significado en castellano que, a decir verdad, me puso los pelos de punta. Pero no de emoción, sino de sorpresa. Es sabido que se trata de una marcha militar, un himno de guerra, y que hay opiniones distintas sobre cómo interpretar su significado. Pero alguna expresión es demasiado equívoca.

Tanto que, según dicen, algunas estrellas del deporte francés han sido reticentes a cantar la letra cuando se ha interpretado La Marsellesa antes de los partidos. Que cada cual juzgue.

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