El blog de Javier García Aranda

Vivir y morir con dignidad

Javier García Aranda – julio 2015

He meditado muchas veces sobre qué es vivir con dignidad y también sobre cómo llegar al final de la vida y morir con dignidad. Es una antigua y recurrente reflexión que no ha ido asociada a ir cumpliendo años. Lo que si ha llegado con la edad es el conocimiento de cómo han ido dejando la vida personas de generaciones anteriores.

El haber visitado a algunas de esas personas en sus últimos años, en particular a aquellas que los han pasado en una residencia para personas mayores, me ha dado la oportunidad de haber visto y vivido situaciones que, sin dejar de ser patéticas, han sido también entrañables. Acepto que haya personas a las que ir de visita a estas residencias les resulte poco estimulante; pero, en mi opinión, es una experiencia recomendable y, si se adopta el estado de ánimo adecuado, una vivencia gratificante.

Sin embargo, en algunos casos que he conocido de cerca, no tengo la convicción íntima de que esas personas hayan podido vivir con dignidad sus últimos años y, en consecuencia, no considero que hayan podido enfrentarse a la muerte con dignidad (sin perjuicio de las circunstancias concretas en que se haya producido el desenlace final). La clave del asunto radica en la escasa o nula calidad de vida que, según mi opinión, han tenido esas personas durante sus últimos años y, en concreto, en su incapacidad cognitiva, que les ha impedido ser conscientes de su situación y haber podido tomar alguna decisión al respecto.

La vida no tiene un valor absoluto en cualquier circunstancia, sólo lo adquiere si existe la posibilidad de vivir con dignidad, que es un concepto abstracto al que cada persona debe dotar de un contenido concreto, que el resto deberemos respetar. Y si, llegado el momento, una persona considera que no puede vivir con dignidad, no creo que haya razón alguna para imponer a esa persona el que no pueda optar por morir con dignidad. Sus familiares, sus amistades, sus conciudadanos debemos poner los medios para que esa persona pueda vivir con dignidad y, llegado el momento, poder decidir cuándo y cómo morir con dignidad.

Y como hay casos -muchos casos- en los que el deterioro de la capacidad cognitiva hace que llegue un momento en el que la persona no es capaz de tomar decisiones racionales, la sociedad debe ofrecer cauces para que la persona pueda decidir previamente cuándo considera que es el momento de morir, cómo quiere hacerlo y en qué persona o personas delega la responsabilidad de hacer que se cumpla su voluntad. Es la única forma razonable de respetar el derecho inalienable de la persona a vivir y morir con dignidad.

Para enriquecer el debate sobre este tema, la novela MARTUTENE (Erein; 2013) escrita por Ramon Saizarbitoria plantea algunas reflexiones que considero interesantes.

Acceso a MARTUTENE

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