El blog de Javier García Aranda

MI REAL SOCIEDAD

Javier García Aranda – 2014

La Real Sociedad es un poco “mía” en la medida que lo es de quienes somos accionistas y/o llevamos décadas siendo socios/as de la entidad. Pero el “mi” que aplico a la Real Sociedad se ajusta más a la acepción del diccionario de la RAE que dice que es un adjetivo que antepuesto a ciertos sustantivos es una expresión cariñosa.

Desde ese cariño a lo blanquiazul está escrito en este blog todo lo relativo a la Real, incluidas las críticas que, además, nunca van dirigidas al “ser” de la Real Sociedad -entendido en su sentido más filosófico– sino al “devenir” de la entidad como consecuencia de actitudes, decisiones, acciones o, también, ausencias u omisiones de todos/as y cada uno/a de quienes nos sentimos parte de la Real.


La posreforma de Anoeta

Javier García Aranda – marzo 2017

Como accionista que soy de la Real Sociedad, he sido un asiduo asistente a la Junta General de Accionistas. Y no se me han olvidado las bochornosas asambleas que, entre unos y otras, montamos hace pocos años. Más de una, de dos y de tres. Suficientes como para que nos dé vergüenza acordarnos.

Hace un tiempo, con las aguas ya amansadas -por el momento-, pero sin que se hayan resuelto algunos aspectos estructurales que, a mi juicio, estaban en la base de aquellos tristes espectáculos, decidí no asistir a más. No es porque me haya hecho demasiado viejo (al menos para eso), sino porque no me veo ejerciendo de palmero, ni tampoco de txikito del alicate dispuesto a montar la tremolina. No es que antes, cuando asistía, hiciera alguna de las dos cosas: simplemente eran otros tiempos.

Pero si uno no va, calla. Y si uno calla, otorga. Así que, de vez en cuando, me tomo la libertad -que esa no me la quita nadie- de escribir algunas de las cosas que pienso (no todas; ni siquiera las que considero que tienen más enjundia). Aunque sólo sea para relajar las vísceras.

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La Real Sociedad y los papeles de Panamá

Javier García Aranda – abril 2016

En la película “El secreto de sus ojos” se dice una frase antológica sobre una persona a la que andan buscando: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios… Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”. El acento argentino hace creíble que la pasión no pueda ser otra que ¡el equipo de fútbol!

Sólo quien tiene pasión por sus colores futboleros está en condiciones de entender la vergüenza que uno experimenta cada vez que tiene que oír o leer el nombre de la Real Sociedad asociado a presuntos defraudadores de impuestos. Y la desagradable sensación de tener una pasión que ha hecho trampas no se atenúa porque la lista de los que aparecen en los papeles de Panamá sea cada día más larga y tortuosa ni porque la Real Sociedad esté pagando penitencia por sus culpas fiscales, apoquinando religiosamente euros a la Hacienda Foral de Gipuzkoa.

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La afición de la Real Sociedad

Javier García Aranda – junio 2015

No soy de la opinión de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Ni tan siquiera creo que, por lo general, son trasladables al presente los argumentos que se alegan a favor de la mayor bondad de otra época, porque, con el paso de los años han ido perdiendo buena parte del significado que antes tenían.

Desde los años 60, cuando, como en un pasaje bíblico, la Real Sociedad descendiera a segunda división para volver a ascender a primera división y permanecer en ella durante cuarenta años, el fútbol ha cambiado tanto que los recuerdos de la época de Atotxa se ha convertido en un mito lejano. Tanto que, en cualquier momento, alguien pondrá en duda su existencia misma. De hecho, hay comportamientos actuales que hacen que se ponga en duda, si no la existencia del viejo campo, sí que en la afición de la Real Sociedad haya habido ciertos usos y costumbres que el paso inexorable del tiempo futbolero ha ido convirtiendo en leyendas.

No hay duda. Si quiere permanecer en el duro -y siniestro- mundo del fútbol profesional, la Real está obligada a reinventarse a si misma permanentemente. Y mientras tanto, el núcleo duro de la afición de la Real Sociedad, el colectivo formado por los abonados y las abonadas que van a Anoeta a ver casi todos los partidos (para soportar todos los horarios hay que ser muy joven o muy valiente), no sólo va cambiando paulatinamente su composición al ritmo del devenir de la vida y de la muerte, sino que, además, va pergeñando, partido a partido, las nuevas formas de ser hincha de la Real.

No obstante, como el instinto de manada tiene sus riesgos, uno también puede formar parte de ese núcleo duro y, al mismo tiempo, discrepar del comportamiento que parece que se va haciendo mayoritario. Aunque igual sólo lo parece y lo que ocurre es que siempre se escucha más al que grita o silba que al que calla. Y como suele decirse que el que calla otorga, voy a discrepar del comportamiento de cierta parte de la afición de Anoeta. Y si alguien me acusa de añorar los tiempos del viejo campo de Atotxa, no tendré más remedio que aceptarlo y entonar el mea culpa.

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La liga de la Real

 Javier García Aranda – 2014

En mayo de 2011, cuando fue redactado este texto, faltaban pocas semanas para que la Real Sociedad certificara su retorno a primera división. El acontecimiento en ciernes era, sin duda, el mejor bálsamo para cerrar las recientes y graves heridas que estuvieron a punto de acabar con la entidad (aunque algunos incrédulos todavía se nieguen a admitirlo).

Al hilo de los acontecimientos deportivos se generó una euforia que, a mi juicio, era comprensible en los aficionados, pero que no lo era tanto en los que conscientemente la alentaban o, cuando menos, la consentían desde la consideración de que era lo que la Real necesitaba en ese momento.

Después de esperar a que acabara la liga y la Real estuviera definitivamente en primera, a las pocas personas a las que envié este texto, les manifestaba la “profunda discrepancia con el discurso “oficial” que se ha implantado en Gipuzkoa sobre el devenir de la Real, es decir, sobre la interpretación de qué es y dónde está la Real y qué debe ser y hacia dónde debe ir”. Les decía, así mismo, que la escritura del texto había tenido una función terapéutica y que, por razones que no vienen al caso, había decidido no hacerlo público en aquel momento.

En el momento de escribir estas líneas, casi tres años más tarde, con una Real Sociedad con una economía saneada y en el curso de una brillante temporada en lo deportivo, no veo ningún impedimento para que se conozca públicamente mi opinión sobre la liga que, en mi opinión, la Real va a tener que jugar en el futuro. Ojalá que quienes piensan que soy un pesimista estén en lo cierto y la Real permanezca mucho tiempo en la cresta de la ola. Les aseguro que estaría encantado de equivocarme.

PS: las afirmaciones que en el texto se atribuyen a D. Sandro Rosell fueron manifestadas por él en el transcurso de unas jornadas sobre el deporte profesional en las que estuve presente. En aquel momento el Sr. Rosell no era todavía presidente del Barça.

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El futuro de la Real Sociedad

Javier García Aranda – 2014

En noviembre de 1992, fecha en la que se redacta y publica este artículo, estaba en marcha la conversión de la Real Sociedad en sociedad anónima deportiva. Aunque en el caso de la Real el proceso se culminó sin especiales dificultades, la llegada al fútbol de pautas más mercantiles generaba, junto a la esperanza de un mayor grado de racionalidad económica, incertidumbre sobre el futuro de ciertas tradiciones que, a mi juicio, eran claves para el futuro de la Real Sociedad.

En particular, había llegado a mi conocimiento que, a la vista de los nuevos derroteros jurídicos y económicos por los que se preveía que iba a transitar el fútbol, en alguna instancia de la Real se pensaba que seguir manteniendo convenios con los clubes guipuzcoanos de fútbol podía no ser lo más conveniente para el futuro de la cantera realista, ya que era económicamente más rentable dejar que los clubes hicieran cantera por su cuenta y elegir después los productos que pudieran interesar a la Real para, previo pago, llevarlos a Zubieta.

No se si era sólo una mera hipótesis de trabajo o una estrategia en toda regla, pero me pareció que el tema merecía un posicionamiento público. A mi entender, la Real debe propiciar y vigilar de forma directa y exhaustiva la formación de los jugadores guipuzcoanos. Cualquier otra alternativa sería un suicidio deportivo y, a la postre, también económico.

Acceso a EL FUTURO DE LA REAL SOCIEDAD

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