El blog de Javier García Aranda

MÁS DEPORTE

El dopaje y la hipocresía

Javier García Aranda – 1998

El texto fue escrito y publicado en prensa en 1998. Es el año del denominado caso Festina: tras la detención por la policía de un masajista del equipo ciclista Festina con diversos productos dopantes (entre ellos la entonces indetectable EPO), el citado equipo fue expulsado del Tour de France.

Por el gran impacto que tuvo, el caso Festina puede considerarse un punto de inflexión en el tratamiento de la lucha contra el dopaje entre los deportistas de alto rendimiento. Lo que no ha variado demasiado en estos años es la hipocresía de la sociedad ante el deporte y los deportistas.

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La educación Olímpica: una asignatura pendiente

Javier García Aranda – 1992

Este artículo fue publicado en la prensa local en el verano de 1992, en plena celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona. A día de hoy mantengo la opinión de que, a pesar de la densa nube de chalaneo y corrupción que rodea al Movimiento Olímpico y, en particular, a los miembros del COI, hay en el Olimpismo aspectos positivos. Una muestra: el desfilar orgulloso, en la inauguración de los últimos Juegos Olímpicos de Londres, de las deportistas olímpicas de algunos países que discriminan a las mujeres hasta extremos que, si no fueran trágicos, serían ridículos.

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La financiación del deporte guipuzcoano y la Kutxa

Javier García Aranda – 1991

Este artículo fue publicado en prensa en 1991 (en uno de los periódicos sustituyeron el título original por “Gigante de pies de barro”). El tema de fondo, la dificultad endémica de los equipos guipuzcoanos de alto nivel para financiarse. Las causas del problema eran y siguen siendo las mismas: no pueden -ni deben- ser financiados por las administraciones públicas, y en Gipuzkoa es difícil obtener financiación privada suficiente. La alternativa que se planteaba supera el ámbito estrictamente deportivo, ya que implica un cambio en la obra social de Kutxa: dejar de financiar proyectos asistenciales (que deben ser atendidos desde las administraciones públicas) y utilizar esos fondos para financiar, entre otros, proyectos deportivos que no necesariamente deben ser rentables desde el punto de vista publicitario.

El tema era controvertido y discutible. Tenía incluso mis dudas acerca de que los medios de comunicación publicaran un texto en el que de manera explícita se ponía sobre la mesa la estrategia de futuro de la obra social de Kutxa. Lo curioso del asunto es que lo que se cuestionó del artículo fue una frase que, a mi juicio, era y es una opinión poco discutible en una sociedad como la guipuzcoana. La frase en cuestión aparece en uno de los párrafos iniciales: “Los ciudadanos deberemos acostumbrarnos a valorar y, por tanto, pagar los servicios deportivos que nosotros o nuestros hijos recibimos”. Al parecer un alto cargo de un periódico se opuso a que se publicara el artículo si no se omitía del texto dicha afirmación.

En los años 80 del siglo XX, una corriente de opinión postuló que el deporte debía ser público y gratuito (equiparando el deporte a derechos como la educación, la sanidad o los servicios sociales). A mi juicio, la idea de considerar el deporte como un bien social es correcta y constituye un buen argumento para que las administraciones públicas promuevan equipamientos deportivos que hagan posible la práctica de la actividad física y el deporte por la generalidad de la población y, también, para propiciar que una parte de la práctica deportiva de ciertos segmentos de población sea financiada, en todo o en parte, con fondos públicos. Sin embargo, la experiencia de algunas administraciones municipales, que sufrieron un colapso económico tras hacer que el deporte fuera público y gratuito en su ámbito competencial, demostró empíricamente la imposibilidad de cumplir de forma radical el bienintencionado desiderátum.

Lo que llama la atención en el caso de la frase en cuestión es que a la visión del deporte defendida por unos románticos -que no se detuvieron a cuantificar su coste ni a prever sus consecuencias- se apuntara un alto cargo de un medio de comunicación importante y no caracterizado precisamente por sus posturas izquierdistas ni radicales. El asunto se resolvió de forma salomónica: el periódico del alto cargo supuestamente romántico suprimió la frase y publicó el resto del artículo en tanto que en otro periódico (por cierto, del mismo grupo editorial) se publicó sin censura alguna.

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