El blog de Javier García Aranda

ESCRITOS CON Y PARA EL CORAZÓN

Arantzazutik Urretxuraino

Javier García Aranda – agosto 2018

Era un día festivo de finales de julio. Lo sé con seguridad porque, cada año, siempre en esas fechas, pasaba una semana en Arantzazu con Tía Lola y Tío Pantxa. Podía ser un domingo o el día de Santiago, que entonces siempre era festivo. El comedor de la Hospedería de los Frailes se llenaba de excursionistas que aprovechaban el día para acercarse al santuario. Era el único momento en que se alteraba la tranquila rutina de las pocas decenas de personas que nos alojábamos allí. El habitual silencio, casi monacal, daba paso a un cierto bullicio. Y no era raro que a la hora de los cafés se entonaran canciones populares.

El de aquel día era un muy numeroso grupo de adultos. Al final de la comida se pusieron todos en pie. Se hizo el silencio en todo el comedor. Alguien pronunció unas breves palabras en euskara. Y, todos a una, comenzaron a cantar. Tío Pantxa se puso también en pie para cantar con ellos. Nunca había asistido a algo tan emocionante. Al acabar, pregunté al tío qué canción era aquella. Me dijo que era Gernikako Arbola, el himno de los vascos.

Estábamos a mediados de la década de los 60 del pasado siglo XX. Yo era un niño de poco más de diez años. Pasó un tiempo antes de que entendiera que, en aquellos momentos, cantar aquella canción era una expresión de autoafirmación y, al tiempo, una forma de rebeldía. Mientras tanto, me hice con la letra del himno. Y he aprendido a cantarlo por lo bajini en las ocasiones en que, a lo largo de mi vida, he vuelto a escucharlo.

Han pasado más de cincuenta años. Una excursión organizada por la Quincena Musical de Donostia me ha llevado hasta Urretxu, patria chica de Iparragirre, autor de la letra del citado himno. Salida desde el frontón del barrio azkoitiarra de Aizpurutxo con música de txistu y tamboril; recorrido sencillo por la ruta verde del viejo tren del Urola; reunión de la tropa en las afueras del pueblo, al son de trikitixa y pandero; romería tras el handi del bardo hasta la plaza del pueblo; y breve intervención del voluntarioso coro de la localidad, con repertorio de canciones del ilustre hijo de la villa.

La sorpresa ha llegado al finalizar el concierto, cuando el director del coro ha invitado a tod@s l@s asistentes a cantar la más famosa de las letras de Iparragirre. Y allí, en la plaza de Urretxu que lleva su nombre, frente a su estatua, con toda la emoción acumulada en los más de cincuenta años transcurridos desde aquella primera vez en Arantzazu, mientras pensaba en Tío Pantxa, he tenido el honor de cantar Gernikako Arbola.

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Vieja respuesta

Javier García Aranda – julio 2018

Hace años, un periodista deportivo al que considero honesto e inteligente (características no demasiado comunes en su especie), tuvo la ocurrencia de escribir un artículo en el que, entre otras cosas de cierta enjundia deportiva, hacía referencia a la forma en que el arriba firmante ejercía su profesión como empleado público (o, al menos, así fue como quise entenderlo). Por circunstancias que no vienen al caso decidí salir al paso de los argumentos del referido periodista.

Cualquiera que conozca los entresijos del deporte adivina que el fondo del asunto que el periodista pretendía abordar era si la administración pública está legitimada para regular el deporte o debe limitarse a acompañar -o sea, a financiar- las supuestamente buenas iniciativas que en materia deportiva surjan desde la sociedad civil (hay varios textos en PENSANDO EL DEPORTE en los que se recogen algunas de mis opiniones al respecto; en particular, sobre la iniciación deportiva).

He intentado, sin éxito, encontrar el artículo original que motivó esta vieja respuesta (al parecer, las hemerotecas digitales no van tal lejos en el tiempo); en consecuencia, he enmascarado en lo posible las referencias a dicho artículo y a su autor. En realidad, mi propósito es sólo recuperar un viejo texto que tiene más de reflexión vital que de análisis deportivo. Al menos eso es lo que a mí me parece.

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Diagnósticos zarzueleros

Javier García Aranda – junio 2018

En el ejercicio de una tardía vocación musical, durante los últimos años he asistido al taller de zarzuela del programa Plus 55 del ayuntamiento de Donostia. Cada año, en la Escuela Municipal de Música y Danza, nos juntamos un grupo de aficionados y, sobre todo, aficionadas a cantar zarzuela (en esta actividad -como en casi todas- el número de mujeres es muy superior al de hombres), e interpretamos fragmentos de diversas obras. Muchas de ellas nos resultan conocidas, además de por ser una música habitual en las emisoras de radio durante nuestra niñez, porque se las hemos oído cantar a familiares nacid@s a finales del siglo XIX o en las primeras décadas del siglo XX.

Este año hemos incluido en el repertorio el Coro de doctores, una conocida pieza de la zarzuela cómica El rey que rabió (música de Ruperto Chapí y libreto de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza; a este último se le atribuye la letra del mencionado coro). De conformidad con la aplastante mayoría masculina entre quienes ejercían la medicina en aquellos años (la obra fue estrenada en 1891), la canción es interpretada solamente por los hombres del grupo, bajo la batuta de Josean García, alma mater de la Asociación Lírica “Sasibill”. Al piano, Sara Varas, directora del taller.

El vídeo está grabado en el Centro de Personas Mayores de la Fundación Zorroaga (con las limitaciones de una grabación “doméstica” y las servidumbres propias del entorno).

CORO DE DOCTORES

Independientemente de sus valores musicales, es recomendable escuchar y/o leer atentamente la letra de la canción.

 

Coro de doctores 

Juzgando por los síntomas que tiene el animal,
bien puede estar hidrófobo bien puede no lo estar.
Y afirma el gran Hipócrates que el perro en caso tal
suele ladrar muchísimo o suele no ladrar. 

Con la lengua fuera, torva la mirada,
húmedo el hocico, débiles las patas,
muy caído el rabo, las orejas gachas… 

Todos estos signos pruebas son de rabia,
pero al mismo tiempo bien pueden probar
que el perro está cansado de tanto andar.

Doctores sapientísimos que yo he estudiado bien
son en sus obras clínicas de nuestro parecer:
Fermentus virum rabicum que in corpus canis est,
mortalis sont per accidens, mortalis sont per se. 

Para hacer la prueba que es más necesaria,
agua le pusimos en una jofaina
y él se fue gruñendo sin probar el agua. 

Todos estos signos pruebas son de rabia,
pero al mismo tiempo signos son, tal vez,
de que el animalito no tiene sed.

Y de esta opinión nadie nos sacará:
¡El perro está rabioso o no lo está!

 

El enrevesado discurso de los doctores al analizar al paciente -el perro presuntamente sospechoso de haber contagiado la rabia al rey- ironiza sobre la falta de certeza que se encierra tras los diagnósticos de los médicos y las médicas (en este sector han cambiado las tornas y las mujeres llevan tiempo ganando la partida). Por cierto, las contradictorias conclusiones de la docta argumentación tienen un inquietante paralelismo con aquellas a las que solía llegar un antiguo presidente de gobierno. ¿Serían también gallegos los doctores del coro?

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Cuando no llevaba barba…

Javier García Aranda – mayo 2018

… y, en opinión de algún@s, estaba menos atractivo. ¡No, oiga, no! No me estoy refiriendo al campanillero Iñaki López, sino al menda lerenda, el que en el diálogo interestelar muestra inequívocamente ser de la Real Sociedad (y no del Athletic, como otro). En todo caso, hay que admitir que IL siempre es protagonista: antes, en las tardes de ETB, junto a la encantadora Adela González; ahora, en las noches sabatinas -a veces demasiado pintorescas- de LA SEXTA. Pero habíamos quedado en que, por esta vez y sin que sirva de precedente, el prota es el arriba firmante. ¡Pasen! ¡Pasen y vean!

MINUTOS DE GLORIA

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La hija negra

Javier García Aranda – marzo 2018

María José y Juan Carlos, la hija y el hijo de la señora Antonia, nacieron con el pelo rubio y la tez blanca, son de una altura más que considerable y se han mantenido con figuras rayanas a la delgadez. Con el paso del tiempo, cuando se hizo muy mayor, la madre necesitó especiales cuidados y compañía. Y desde el otro lado del océano llegó a sus vidas Thania, mujer de baja estatura y recia como una roca.

Sin poder llegar al final de este duro invierno, Antonia hizo su tránsito de forma tranquila, en su casa, acompañada por su hija y su hijo. Después, mientras quienes la velaban mantenían la compostura propia del entorno aséptico y ecléctico en que honramos a quienes acaban de fallecer, Thania lloraba desgarradamente.

Ante el féretro de Antonia -que relucía hermosa y esbelta como una diosa-, cuando su hija trataba de explicar a un amigo quién es Thania, la mujer esculpida en azabache, entre sollozos, reivindicó su estatus sin dar lugar a conjeturas: “yo soy la hija negra de Antonia”.

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PAKITA ARANDA

Javier García Aranda – enero 2018

Pakita Aranda era mi ama, y la de mi hermana Loly y mi hermano Luisan. Llevo años pensando en escribir sobre ella, con la convicción de que me quedaba poco tiempo, porque quería hacerlo antes de que nos dejara. La inspiración no llegó a tiempo: el pasado 14 de enero de 2018, con 98 años, la Paki -como cariñosamente la llamábamos y la seguiremos llamando en el entorno más íntimo de la familia- entregó la cuchara.                                  

Porque ella era de l@s de la cuchara. De hecho, creo que no le hubiera importado decir adiós justo tres meses más tarde, coincidiendo con el 14 de abril, día de la proclamación de la II República. Era una efeméride que acostumbraba a celebrar colocando unas flores en la Plaza del Padre Claret, delante de la casa en la que vivió desde finales de los años 50 hasta que hace menos de tres años se trasladó a la Residencia de la Fundación Zorroaga para finalizar su periplo vital.

Como para casi todas las mujeres de su generación, no cabe duda de que la maternidad fue para ella una parte sustancial de su vida, sobre todo porque cuando sólo tenía 33 años se quedó viuda con una hija, un hijo y esperando el tercero. Y tuvo que sacar adelante a aquella familia con su trabajo como costurera, que es lo que ella siempre consideró que era, aunque un marketing elemental la llevara a denominarse “modista” en los tiempos del desarrollismo económico de los años 60. Más allá de lo expuesto, hablar de su faceta como madre es algo que reservo para un círculo familiar muy íntimo.

Pakita Aranda fue, sobre todo, una mujer a la que le tocó vivir una vida muy difícil en una época compleja y cambiante, a lo que hizo frente como supo y pudo, con los recursos que ella tenía: una gran pasión por su trabajo y por disfrutar de todas las pequeñas y pocas cosas que la vida podía ofrecerle. Siempre tuvo una vocación impenitente por ser la protagonista de todas las escenas de su vida y, cuando las circunstancias le fueron propicias, también aspiró a ser la reina del baile, para lo que nunca le faltaron prendas.

No está al alcance de nadie poder hacer una biografía integral de su vida y, por supuesto, nadie puede -ni debe- interpretar todas las claves de su casi un siglo de existencia. Cada persona que la conoció, por mucho que piense lo contrario, sólo ha tenido acceso a una faceta concreta y a un tiempo limitado de su paso por el mundo. Ni tan siquiera ella misma mantuvo siempre la misma interpretación de su devenir por la vida, quizá con la excepción de considerar que Luís, nuestro padre, era el amor de su vida. Junto a él, 65 años después, ha querido reposar para siempre.

Pakita Aranda ha ido reescribiendo permanentemente su historia según iban cambiando sus circunstancias y necesitaba adaptar su propio relato a un nuevo ciclo de su particular lucha por la vida. Todas las personas lo hacemos y ella, que vivió tantos años, pasó por tantas vicisitudes y siempre estuvo abierta a lo que la vida fuera deparando, tuvo más ocasiones y necesidades de hacerlo que la mayoría.

No hay una sola Pakita inalterable al paso del tiempo. Hay muchas pakitas superpuestas y, a menudo, contradictorias que componen un personaje único que a nadie dejaba indiferente, y que se nos ha manifestado sólo parcialmente a aquellas personas que tuvimos la suerte y el privilegio de compartir con ella algún tramo de su vida pública o de su vida privada (en su caso hablar de vida secreta es una entelequia, porque ella se encargaba siempre de contar sus versiones a quien lo considerase conveniente).

Hasta siempre, Pakita Aranda. Imposible olvidarte. Fue un placer.

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Despertar con una sonrisa

Javier García Aranda – octubre 2017

Observar la esfera pública deja bien a las claras que no corren tiempos para la lírica. Por eso reconforta que, con sencillez, sin hipocresía, alguien se proponga encarar la vida de cada día desde la sonrisa. No es una recomendación para mirar hacia otro lado ni para aceptar resignadamente el destino. Es el testimonio de una persona decidida a afrontar la vida desde la confianza en sí misma y la perseverancia en su esfuerzo.

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Un beso de versos endecasílabos con rima asonante

Javier García Aranda – septiembre 2017

Hace unos días, casi por casualidad, leí que una persona enviaba un beso a otra. Para describir el beso enviado, la persona que lo emitía no utilizaba ninguna de las cualificaciones que más habitualmente se usan en la literatura o en las canciones: tierno, apasionado, cariñoso, dulce, sabroso, breve, ruidoso, juguetón, soso, atrevido, silencioso, casto, robado, acogedor, triste, prohibido, traicionero, enamorado, etcétera. Era, sin duda, un beso cargado de poesía. Porque no se puede poner en duda la vocación poética de un beso de versos endecasílabos con rima asonante, que es como era descrito el beso en cuestión.  

Hay parejas, amig@s, compañer@s, colegas, amantes o cachond@s de diversa índole que gustan de establecer códigos secretos para trasmitirse información mediante símbolos cuyo significado sólo ell@s conocen. Sin embargo, no parece que fuera el caso. A tenor de las evidencias, el beso del que tuve noticia era enviado por una persona a otra a la que conocía desde hacía poco tiempo. Por tanto, debe suponerse que no habían tenido todavía la oportunidad de establecer entre ambas un lenguaje exclusivo.

Es probable que ni siquiera la persona a la que iba destinado el beso pudiera captar enteramente su significado. Cabe incluso la posibilidad de que quien lo enviaba tampoco tuviera totalmente claro el alcance de la expresión con que lo había definido. En cualquier caso, no cabe duda de que se trataba de un beso misterioso. Y, en consecuencia, llevaba consigo el desafío de intentar descubrir el enigma.

Para tratar de acotar posibles alternativas, se me ocurrió preguntar a mi mujer qué entendía ella por un beso descrito en esos términos. La respuesta fue rotunda, concisa, inapelable: “Está clarísimo. Es un beso largo… e intermitente”. ¡Hay que ver lo práctica y resolutiva que puede llegar ser una mujer cuando decide serlo!

Mi incapacidad masculina para captar el quid de esta diáfana interpretación me llevó a rumiar el asunto con mayor ahínco: ¿cómo se establece la conexión entre un beso y unos versos endecasílabos que se entrelazan ente sí mediante rima asonante? Tras seguir el hilo de diversas opciones alternativas, di con una clave que podría ser una posible explicación del asunto. Seguramente no es la única interpretación posible. Pero es la mejor que he encontrado. Aunque siempre me quedará una duda a la que me ha sido imposible encontrar respuesta alguna: ¿y si la rima hubiera sido consonante?

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UBUNTU

Javier García Aranda – mayo 2017

Ni en mi agenda cotidiana ni en la de nadie hay tiempo suficiente para ver, leer o escuchar todo lo que está disponible a través de los diversos cauces existentes en la sociedad de la información en que vivimos. Debo confesar que selecciono incluso entre los mensajes personalizados que recibo, para tratar de dedicar atención sólo a aquello que realmente me interesa. He comprobado que me suelo equivocar, ya que abro algunos que desecho inmediatamente; y sospecho que doy pase torero a otros que contienen información interesante. Pero el tiempo es limitado. Hay que gestionarlo bien y, para ello, es imprescindible no ponerse incondicionalmente en manos de toda aquella persona o entidad que, mediante uno u otro soporte, decida enviarnos lo que le apetece o interesa.

Lo anterior viene al hilo de que tengo un compañero de fatigas que envía a mi correo electrónico -y al de otras personas- una media docena de mensajes ¡cada día! Aunque estoy seguro de que lo hace con su mejor intención (prueba de ello es que se toma la molestia de poner a cada mensaje un título y una introducción para informar de qué va el asunto), debo confesar que la mayoría va directamente a la papelera de reciclaje. Incluso -o precisamente por ello- si el aviso a navegantes indica que se trata de los mejores paisajes, los pensamientos más preclaros, los chistes más salaos o los cachorrillos -humanos o de otras especies- más tiernos. Pero, de vez en cuanto hay algo que me tienta. Y, entre esas tentaciones, aunque en la mayor parte de los casos se trata sólo de falsas alarmas, hay veces que uno se encuentra algo especial.

Como bien dice mi amigo JFA, somos pocos los que no creemos que todo lo que aparece en Internet es verdadero. Por tanto, lo que en esta ocasión ha llamado mi atención puede no serlo. Aun así, como ocurre con ciertos relatos o personajes de ficción que nos sugieren más cosas que la vida o las personas reales, me seguiría pareciendo que merece la pena dedicar un momento de nuestro escaso tiempo a reflexionar sobre UBUNTU.

Post scriptum: el relato adjunto está reducido a su mínima expresión. En este caso, la imagen que cada cual pueda construirse en la mente vale más que mil palabras. Los detalles sobre el significado de UBUNTU pueden encontrarse en WIKIPEDIA.

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Salud y buenas decisiones

Javier García Aranda – diciembre 2016

Cuando llegan las fechas en las que cambiamos de año, cada vez que me encuentro con una persona cercana me veo en la necesidad de responder a sus deseos de ¡Feliz Año Nuevo! La fórmula de desear felicidad me parece, no sólo demasiado trillada, sino también un tanto meliflua. Esto me ha llevado a acuñar una fórmula más personal (en la materia, la originalidad es casi imposible). Y las dudas sobre la ocurrencia me han conminado a escudriñar su significado. Me temo que si no resuelvo el exceso de racionalismo cartesiano acabaré recurriendo al simple y manido ¡igualmente!

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Ainhoa Azurmendi Echegaray, Doctora en Psicología

Javier García Aranda – octubre 2016

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.” (Bertolt Brecht; 1898-1956)

Si Bertolt Brecht hubiera conocido a Ainhoa, no habría tenido más remedio que cuestionarse la estrechez de su frase y ampliarla a las mujeres, porque, sin duda, habría considerado que Ainhoa es una luchadora imprescindible. Y porque, además, tras conocerla, habría tenido la absoluta certeza de que si ninguneaba a las mujeres le iban a caer las del pulpo.

Si se tiene la suerte de conocer a Ainhoa, ya no se puede prescindir de ella. No queda otra que hacerse de su equipo. Y pelear junto a ella, seguramente durante toda la vida, para que las mujeres tengan, de verdad, sin subterfugios, los mismos derechos, los mismos reconocimientos y las mismas recompensas por su esfuerzo y sus resultados que los que tenemos los hombres. Y si en algún sitio esos objetivos de igualdad tienen vigencia histórica es en el ámbito del deporte, donde secularmente ha reinado un machismo impenitente.

Antes, ahora y siempre, Ainhoa será nuestra Ainhoa. Pero, desde ahora, aunque ya sea un reto superado y tenga por delante un abanico de nuevos proyectos y objetivos, estaremos orgullosos y orgullosas, además, de que sea nuestra Doctora. Y, además, como ella bien sabe, a alguno le dará por ello un poco de sana envidia.

La tesis doctoral de la Doctora Ainhoa Azurmendi Echegaray lleva por título “Obstáculos psicosociales para la participación de las mujeres en el deporte como entrenadoras y árbitras”. Como muestra de la aportación que esta tesis realiza al conocimiento se adjunta un breve apartado de su extenso y sobresaliente contenido.

Acceso a Discriminación de las mujeres en el ámbito deportivo

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La Marsellesa

Javier García Aranda – noviembre 2015

No soy muy de himnos. La verdad es que apenas me emocionan. Ni tan siquiera el de Euskadi. Hay, sin embargo, algunas composiciones musicales que también podrían ser consideradas himnos -porque con ellas se ha identificado o se identifica una colectividad- que llegan a conmoverme bastante más que los oficiales.

Es el caso de: L´estaca de Lluis Llach, un himno a la colaboración intergeneracional a favor de la libertad; de Lili Marleen, que durante la Segunda Guerra Mundial fue adoptado tanto por los soldados alemanes como por los aliados; o del Gernikako Arbola de Iparraguirre, considerado por la mayoría de la ciudadanía vasca como su auténtico himno.

De los tradicionales, el único que me sugiere algo especial es el que desde el 13 de noviembre se ha escuchado profusamente: La Marsellesa. No se si es por lo marchoso de su ritmo musical, porque su inicial “Allons enfants de la Patrie” no tiene parangón, porque no soy nada posmoderno y todavía hago mío el lema “Liberté, Égalité, Fraternité” o, simplemente, porque he visto unas cuantas veces Casablanca.

Hace tiempo que me interesé por su letra. Y por su significado en castellano que, a decir verdad, me puso los pelos de punta. Pero no de emoción, sino de sorpresa. Es sabido que se trata de una marcha militar, un himno de guerra, y que hay opiniones distintas sobre cómo interpretar su significado. Pero alguna expresión es demasiado equívoca.

Tanto que, según dicen, algunas estrellas del deporte francés han sido reticentes a cantar la letra cuando se ha interpretado La Marsellesa antes de los partidos. Que cada cual juzgue.

Acceso a LA MARSELLESA

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Vivir y morir con dignidad

Javier García Aranda – julio 2015

He meditado muchas veces sobre qué es vivir con dignidad y también sobre cómo llegar al final de la vida y morir con dignidad. Es una antigua y recurrente reflexión que no ha ido asociada a ir cumpliendo años. Lo que si ha llegado con la edad es el conocimiento de cómo han ido dejando la vida personas de generaciones anteriores.

El haber visitado a algunas de esas personas en sus últimos años, en particular a aquellas que los han pasado en una residencia para personas mayores, me ha dado la oportunidad de haber visto y vivido situaciones que, sin dejar de ser patéticas, han sido también entrañables. Acepto que haya personas a las que ir de visita a estas residencias les resulte poco estimulante; pero, en mi opinión, es una experiencia recomendable y, si se adopta el estado de ánimo adecuado, una vivencia gratificante.

Sin embargo, en algunos casos que he conocido de cerca, no tengo la convicción íntima de que esas personas hayan podido vivir con dignidad sus últimos años y, en consecuencia, no considero que hayan podido enfrentarse a la muerte con dignidad (sin perjuicio de las circunstancias concretas en que se haya producido el desenlace final). La clave del asunto radica en la escasa o nula calidad de vida que, según mi opinión, han tenido esas personas durante sus últimos años y, en concreto, en su incapacidad cognitiva, que les ha impedido ser conscientes de su situación y haber podido tomar alguna decisión al respecto.

La vida no tiene un valor absoluto en cualquier circunstancia, sólo lo adquiere si existe la posibilidad de vivir con dignidad, que es un concepto abstracto al que cada persona debe dotar de un contenido concreto, que el resto deberemos respetar. Y si, llegado el momento, una persona considera que no puede vivir con dignidad, no creo que haya razón alguna para imponer a esa persona el que no pueda optar por morir con dignidad. Sus familiares, sus amistades, sus conciudadanos debemos poner los medios para que esa persona pueda vivir con dignidad y, llegado el momento, poder decidir cuándo y cómo morir con dignidad.

Y como hay casos -muchos casos- en los que el deterioro de la capacidad cognitiva hace que llegue un momento en el que la persona no es capaz de tomar decisiones racionales, la sociedad debe ofrecer cauces para que la persona pueda decidir previamente cuándo considera que es el momento de morir, cómo quiere hacerlo y en qué persona o personas delega la responsabilidad de hacer que se cumpla su voluntad. Es la única forma razonable de respetar el derecho inalienable de la persona a vivir y morir con dignidad.

Para enriquecer el debate sobre este tema, la novela MARTUTENE (Erein; 2013) escrita por Ramon Saizarbitoria plantea algunas reflexiones que considero interesantes.

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Los bueyes de Ramón

Javier García Aranda – mayo 2015

Nos conocimos en el fragor de la pelea sindical de los años de la transición. Nos hicimos colegas compartiendo menús vegetas y conspirando contra la mediocridad. Y nos reconocimos como amigos cuando comprobamos que el afecto mutuo resistía la distancia y el paso del tiempo.

Culto hasta la erudición y temperamental hasta el paroxismo, su vida pública es una epopeya jurídico-rocambolesca y, a buen seguro, su vida secreta de marino frustrado daría para varios folletines de capa y espada. Funcionario heterodoxo donde los haya y militante cojonero contra todo lo vulgar y establecido, su perfil de personaje barojiano se pone de manifiesto cuando reconoce que, en la vida, más que a decir la verdad le han conminado a contar cosas verosímiles o cuando reivindica haber diseñado la versión posmoderna de la euskal borroka, una fusión de katas de artes marciales orientales con ritos antropológicos del Extremo Occidente (sic).

Ramón Bilbao Manzarraga asegura haber escrito más de mil poemas, aunque me atrevería a apostar a favor de que ha redactado todavía más pleitos contra las chapuzas de la administración pública. Entre sus 50 POEMAS ESCOGIDOS (Cuadernos de Poesía, 1989), he elegido el que me recuerda una anécdota compartida.

Un día gris y brumoso del viejo bocho de finales de los 70 y principios de los 80, tras una densa mañana dedicada a perfilar estrategias sindicales, fuimos a comer a una tasca en la que, junto a la puerta, había un cuadro en el que estaban retratados unos BUEYES. Ramón señaló la imagen y, en voz suficientemente alta como para ser oído por buena parte de los comensales, dijo: “¡Mira, los del…!” La cita se completaba con las siglas de un partido político, pero bien podía haberla rematado haciendo alusión a cualquiera de los BUEYES que en su vida han sido.

Acceso a ¡BUEYES!

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Cena pirata bajo los tiburones

Javier García Aranda – diciembre 2014

Hay veces en que la gente te sorprende para bien. Incluso si alguien ya viene precedido de buena fama, hay gestos que te dejan un buen regusto. Es el caso de Granero, jugador de la Real Sociedad. Este señor, además de tener pinta de buen tío, ha tenido la feliz idea de invitar a cenar a una veintena de niñas, niños y jóvenes que residen en pisos tutelados que dependen de la Diputación Foral de Gipuzkoa.

Una cena celebrada en un sitio muy singular: debajo del estanque de los tiburones del Aquarium de Donostia. Muy a propósito para alguien que lleva con orgullo el apodo de “Pirata”. Aunque también se podía haber celebrado en una biblioteca o en una casa de cultura, porque es sabido que una de sus aficiones es escribir poesía.

Según él mismo ha declarado, lo que más se le resisten son los sonetos. Pero me consta que uno de los jóvenes asistentes a la cena le hizo entrega de EL LIBRO ESCUELA DE LA CANCIÓN Y DEL POEMA (Editorial Club Universitario; 2010), cuya lectura va a propiciar, a buen seguro, que emule a Don Francisco de Quevedo y Villegas.

Un tiburón pudo leer furtivamente la dedicatoria hecha por el autor del mencionado libro, el poeta donostiarra Félix Vázquez Sáez, a su tocayo “Pirata”, cuyo nombre completo es Esteban Félix Granero Molina:
 

Hay veces que en el deporte
se carece de cultura,
pero tu sabes rimar
balón y literatura
 
Corriendo, soñando
buscando la meta,
eres verso suelto
¡alma de poeta!

 

Quedamos a la espera de los nuevos sonetos del “Pirata Granero. Mientras tanto, disfrutemos leyendo uno de sus poemas, el que lleva por título EL EMBARCADERO

Acceso a EL EMBARCADERO

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Tomás Aranda, carabinero

Javier García Aranda – diciembre 2014

“El motivo por el que les remito el presente escrito es el de solicitarles información sobre mi abuelo materno, Tomás Aranda Delgado, natural de la provincia de Toledo y fallecido en San Sebastián, en 1966. Según la información de que dispongo, Tomás Aranda Delgado perteneció al Cuerpo de Carabineros y, posteriormente, fue pensionista de la Guardia Civil. Por motivos de interés personal y familiar, les agradecería que tuvieran la amabilidad de enviarme una copia del expediente de mi abuelo”. 

El párrafo anterior es la parte sustancial de la solicitud que en el año 2006 envié al Servicio Histórico de la Dirección General de la Guardia Civil. Hacía ya algún tiempo que me rondaba la idea de indagar en la historia de mi abuelo materno, y los temas académicos que en aquel momento tenía entre manos me llevaron a pensar que era una buena ocasión para analizar en detalle su paso por el Cuerpo de Carabineros.

Sin embargo, el proyecto de enlazar la historia de Tomás Aranda, carabinero, con hechos históricos de los que fue partícipe (como la Guerra del Rif o la Batalla de Madrid de la Guerra Civil) y que culminaron en 1940 con la desaparición del Cuerpo de Carabineros perdió vigencia académica antes de que llegase a mi poder su expediente personal.

Y ante la duda de que en el futuro pueda surgir un momento propicio para retomar el proyecto inicial, no quiero que la versión oficial de la vida pública de Tomás Aranda se vaya amarilleando en un cajón hasta perderse en el olvido.

El abuelo Tomás era una persona entrañable (como la mayoría de los abuelos lo son para sus nietas y nietos). Además, sus vidas -la pública, la privada y, por supuesto, la secreta– serían seguramente un buen hilo conductor para una novela. Quizás, algún día, alguien decida ser su autor.

Acceso a EXPEDIENTE PERSONAL DEL CARABINERO TOMÁS ARANDA DELGADO (20mb)

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Canciones para la Paz

Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
Caminante, no hay camino:
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

                                                                                     (Antonio Machado – 1909)

 

Javier García Aranda – agosto 2014

Félix Vázquez Sáez ha dejado muchas huellas al hacer su camino. Lo comenzó en tiempos duros, sobre todo para los hombres y las mujeres que habían perdido la guerra, y para sus hijos e hijas. Pero ha conservado la ilusión de seguir haciendo camino, de seguir dejando huellas. Y qué mejores huellas que las canciones. EL CAMINO / BIDEA es una de sus Canciones para la paz. ¡Ojalá pueda presentarlas al público en 2016, con Donostia/San Sebastián ejerciendo de Capital Europea de la Cultura!

PS: la versión en euskara es de Jon Martin, músico y bertsolari.

Acceso a EL CAMINO / BIDEA

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Tía Lola

Javier García Aranda – 2014

En verano de 2013 murió Lola Aranda. Fue Tía Lola para sobrinos y sobrinas carnales y políticos, y también para una larga lista de hombres y mujeres de todas las edades que la reconocían y apreciaban como algo propio.

Cuando falleció, aunque sabíamos de su fe religiosa y la respetamos en todo momento, algunos de sus sobrinos y sobrinas  consideramos que no podíamos despedirla sólo con textos sacros leídos por personas ajenas a su vida consciente.

Incluir aquí el texto de nuestro agur a Tía Lola es una forma de cumplir el compromiso de acordarnos de ella, para que siempre siga entre nosotros y nosotras.

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La chavala de la silla de ruedas

Javier García Aranda – 2014

Después de que el texto se publicara en la prensa volví a coincidir con ella en la parada del autobús. Al verme se dirigió a mí y me dijo que yo era el que había escrito en el periódico sobre ella. Me quedé tan aturdido que sólo pude sonreír. No me pareció oportuno preguntarle cómo lo había sabido. Quizá por la cara de vergüenza del día de los hechos… Volví a verla hace pocos años: seguía yendo en su silla de ruedas, pero ya se había convertido en una mujer.

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Ana de la Vega

Javier García Aranda – 2014

Ana de la Vega era mi amiga. Era una mezcla alquímica irrepetible de capacidades, pasiones, intuiciones y sensibilidades que la hacían capaz de simultanear con éxito su oficio de directora de un centro deportivo con su vocación de poetisa. Tuve suerte: me eligió como amigo. Y cuando nos dejó, todavía demasiado joven, entendí para siempre las palabras tantas veces escuchadas a otro poeta, Alberto Cortez: “cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”. Hasta siempre, Ana.

PS: el artículo que se reproduce fue publicado en diciembre de 1992, en la revista Dirección Deportiva editada por Sports Quality International.

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Mi primer texto publicado

Javier García Aranda – 2014

Hace unos años, en una visita a unos familiares muy allegados, me pusieron delante un amarillento recorte de periódico que había aparecido en su casa, entre viejos papeles. Bajo el título, una entradilla decía: “El trabajo que publicamos a continuación, sobre el tema de los animales domésticos, ha sido escrito por Francisco Javier García Aranda, con domicilio en el Paseo de Colón, letra Y, alumno del Colegio del Sagrado Corazón, Villa Mundaiz, de nuestra ciudad”.

Un trozo de esquela en el reverso del recorte data la publicación en diciembre de 1966, cuando tenía 13 años. El texto había sido escrito meses antes para participar, a iniciativa del citado centro escolar en el que cursaba el bachillerato, en el concurso de redacción que promovía la chispa de la vida. Alguien me dijo que mi redacción había sido seleccionada y que participaría en una segunda fase del concurso. Todavía recuerdo con gran frustración la celebración de esa segunda fase cuando anunciaron que el tema sobre el que había que escribir era “Las nubes” y no se me ocurría nada con qué rellenar el folio que me habían dado. Ahí acabó la aventura literaria.

Por cierto, en el recorte de periódico, junto a la redacción aparece el trozo de una reseña en la que se hace referencia a una ermita de Santa María del Amor Hermoso. ¡Y yo que creía que “dremiadelamorhermoso” era un invento de Forges!

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